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IRPIN LA CIUDAD FANTASMA: tumbas en las plazas, tanques destruidos y una fila de autos calcinados en el pueblo que vivió las peores batallas de la guerra

Un mes después de la ocupación, los rusos fueron expulsados sin haber logrado entrar en Kiev. Dejaron a su paso un infierno, un pueblo fantasma, un regadero de minas y explosivos trampa, y algunos francotiradores escondidos que no quisieron abandonar sus posiciones

Vía: Infobae | 

Por: Joaquín Sánchez Mariño | 

Todo está lleno de fantasmas alrededor de Kiev. Irpin, un pueblo que casi nadie en el mundo conocía, se convirtió en un emblema de esta guerra. Para los kievitas, era el pueblo sereno al que ir a tomar aire puro y pasear por su bosque sagrado a la vera del río. Para los rusos iba a ser -así lo planearon- la pequeña ciudad en la cual hacer base para desde ahí entrar a Kiev. Para los periodistas fue pronto un lugar maldito: el distrito donde asesinaron a tres reporteros que intentaban hacer su trabajo. Así, Irpín se convirtió desde el comienzo de la guerra en un lugar prohibido. Y un símbolo de la resistencia, porque aunque fue tomado, nunca se dio por vencido.

Un mes después de esa ocupación, los rusos fueron expulsados sin haber logrado entrar en Kiev. Dejaron a su paso un infierno, un pueblo fantasma, un regadero de minas y explosivos trampa y algunos francotiradores escondidos que no quisieron abandonar sus posiciones. No hay gas, ni electricidad y quedan muy pocos civiles. Pero un día, después de las noches más oscuras, Irpin volvió a ser libre, aunque la libertad no pueda mostrar una cara feliz en este caso. Al contrario, solo el espectro de lo que alguna vez fue. Aunque son muy pocos los permisos, Infobae logró entrar.



Volver a Irpin hace apenas una semana parecía imposible. Los hechos se precipitaron. Las fuerzas ucranianas empezaron a avanzar sobre los pueblos perdidos alrededor de Kiev y poco a poco los recuperaron: Bucha, Brovary, Moshchun, Hostomel… Irpin era sin dudas la tarea más dificil por tamaño y por el despliegue de la ocupación rusa, que la tenía completamente dominada. El mundo se sorprendió cuando el 31 de marzo el gobierno de Ucrania anunció que habían retomado el control de la ciudad y que la policía local ya patrullaba las calles. ¿Era eso posible? ¿Guardaba alguna relación con la retirada de las fuerzas rusas de la zona anunciada por el Kremlin? Como muchas otras veces, el discurso y la información se puede acomodar de acuerdo a los hechos, y no se sabe si los rusos dijeron eso para esconder una derrota, o si fue verdaderamente una retirada estratégica. Como fuera, Irpin volvió a ocupar una vez las primeras planas de esta guerra.

Lo había sido ya hace un mes cuando en plena evacuación de civiles no cesaban los bombardeos y los ataques sobre el corredor humanitario. Infobae lo vivió en carne propia, y pudo atestiguar la desesperación con la que huían los habitantes de la ciudad. Lo que no se podía saber en ese entonces era de qué horror específico huían, qué era eso que los hacía salir sin mirar atrás. “No vayan allá, es un infierno, váyanse”, decían en ese entonces los civiles mientras salían. Una ciudad de sesenta mil habitantes de los cuales al final quedaron solo tres mil, apenas el 5% de la población.



Los datos oficiales, según Oleksandr Markushin (alcalde de Irpín), es que las tropas rusas mataron a 300 civiles y 50 militares, y destruyeron el 50% de la ciudad. Las bajas del ejército ucraniano no se suelen anunciar, los mismos voceros oficiales dicen que esos números no se dan. No se sabe el precio que tuvo que pagar Ucrania por volver a tener Irpín, ni el precio que está teniendo la guerra, pero todos coinciden en que nada es demasiado alto con tal de conservar su independencia. “Preferimos perder la vida a perder el país”, dice un joven de las Defensas Territoriales que custodia un checkpoint.

El alcalde Markushin también informó que “muchos están enterrados en patios y parques, otros todavía están bajo los escombros. Irpín es un pueblo heroico que ha impedido que los enemigos entren en la capital”. ¿Qué pasó ahí dentro? ¿Cuál horror no se pudo mostrar? Irpin es, además, el lugar donde mataron a tres periodistas, dos norteamericanos y una ucraniana, todos mientras intentaban entrar para mostrar lo que pasaba.



Hoy el clima alrededor de Kiev es diferente. No es relajado ni tranquilo, pero es menos tenso y menos peligroso que hace una semana, cuando tomar la mayor parte de las carreteras a noroeste podía conducir a la muerte o a un enfrentamiento directo con las fuerzas rusas. Hoy en el camino hay control absoluto ucraniano.

La llegada a Irpin no es por ninguno de los caminos directos de Kiev. El principal es imposible porque el puente que unía las dos ciudades está destruido, la otra avenida grande que llega tiene cráteres enormes que la vuelven intransitable. Así, hay que ir hacia el suroeste y luego ya fuera de Kiev empezar a subir.

Conforme se va acercando a la zona el paisaje -paisaje, qué palabra- se vuelve -otra palabra- apocalíptico. Los caminos se empiezan a oscurecer, ya no hay asfalto limpio ni veredas despejadas, ahora mucho arbol caído, mucha rama en la ruta, agujeros en todos lados, manchas como si hubieran caido pelotas de pintura negra todo alrededor. En un momento, junto a una autovía antes de entrar a Irpín, una estación de combustible incinerada. Junto a ella, puestos de control militar, soldados descansando en casas que fueron destruidas, algunos sentados en piso apoyados contra una pared en ruinas mirando el celular.



Y se llega al último checkpoint antes de la ciudad. Son pocos los autos de periodistas que están siendo habilitados a entrar. La policía alega que no puede cuidarlos a todos porque todavía está con tareas de patrullaje y limpieza en las calles del poblado. Léase limpieza: sustracción de minas y detección de francotiradores. Algunos rumores indican que aún quedan cien soldados rusos escondidos en la zona y por eso no permiten el ingreso libre.

El auto que lleva a Infobae tiene, se supone, la autorización. Luego de unos minutos en los Vlad -el fixer del día- habla con las milicias, permiten el ingreso. Tras unos metros entre bosque, los árboles se ven negros en su base y marrones hacia arriba. Es un bosque hermoso y húmedo que no da ninguna calma, sigue la ruta y luego de una curva finalmente aparece la primera postal de pueblo abandonado: sobre la calle, cubriéndola casi en su totalidad, un tanque ruso destruido. Vlad dice que es ruso, y luego se pido ver un pedazo de bandera rusa también, pero no se llega a ver ni la inscripción de la V o de la Z, las dos letras características de los invasores. Unas cuadras más allá sin embargo sí se ve una letra V pintada en un auto atravesado en el camino para cortar el paso.



El tanque casi perdió su forma, el cañón está sobre el suelo, las ruedas y las cadenas desprendidas. Detrás, una montaña de munición sin usar, enterrada entre el barro. Todo es destrucción, hay autos calcinados al costado de la calle. Hay otros también que no ardieron pero tienen incontables agujeros en el parabrisas y en las puertas, alguien los usó para cubrirse durante un tiroteo. Casi todos tienen el capot abierto y en las casas se ve destrucción que no es exclusivamente de bombardeos. Acá, a diferencia de la guerra en el resto del país, hubo combate urbano, tropas de Ucrania y de Rusia disputándose calle a calle, a pocos metros unos de otros. Eso, se sabe, pasa hoy en Mariupol.

Luego de un zigzag entre los autos se llega a la primera rotonda dentro de la ciudad. En el camino a la derecha nace una vía ancha en dirección a Kiev, por ahí salían los autos rumbo al puente principal que fue volado. Lo que se ve ahora es un enorme embotellamiento de autos sin nadie adentro, una fila de vehículos que buscaban salir pero quedaron abandonados cuando comenzó la balacera y los bombardeos. Muchos de esos autos están destruidos, la mayoría. Ninguno está intacto, eso no existe, pero los hay completamente quemados, y los hay sin vidrios, apenas baleados.



Esta fue la ruta principal de evacuación, por aquí salió la mayor parte de las más de 50 mil personas que huyeron. Algunos llegaron en vehículo, lo dejaron y caminaron, y otros directamente hicieron todo el trayecto a pie. Y un día, entre el primero de marzo y el seis, los rusos, frustrados, comenzaron a bañar de fuego la zona. Querían entrar ellos por ese puente hacia Kiev, pero el ejército ucraniano voló el pasó sobre el río Irpin y estableció su frente de defensa detrás de la otra orilla. Así comenzó el fuego contra fuego, con los civiles al medio intentando huir, con el ejércto ucraniano intentando detener el avance ruso, y con las tropas de ocupación mansillando cuanto tenían delante, sin respetar el evidente corredor humanitario que debía abrirse ahí.

Acá se ve, ahora, el infierno en el que estuvieron quienes buscaban salir. Solo faltan los zombies y esto completaría el escenario perfecto de la nueva temporada de Walking Dead. No es, sin embargo, una ficción. No es una de muertos vivos sino de muertos a secas.



El puente es una imagen famosa del comienzo de la guerra, el auto dado vuelta sobre el agua, el caminito angosto y peligroso rumbo a Kiev, entre escombros y el río corriendo. Del otro lado, el bosque, el bosque encantado en el que por cuatro semanas se escucharon los bombardeos y los tiros, de donde se veía el humo, y la cara desesperada de los civiles.

Vlad dice que que irse. Solo queda una parada más antes de dejar la ciudad. Conduce la camioneta rumbo al centro. No se detiene, pero se ve la plazoleta donde está el cine, bañada de rocas, pedazos de estátuas que se rompieron en mil partes. Por la avenida principal se llega al parque más grande de Irpín.

En el bosque lo primero que se escucha es el ladrido de un perro, otro más cuya casa fue bombardeada y evacuada por sus dueños pero el perro sigue. Es grande y hermoso y un poco feroz. Su casa -solo su casa, ahora- queda frente al parque. Nuevamente se ven las manchas negras en el suelo, son los lugares en los que impactó algún mortero de bajo calibre. Camino al centro de la plaza se ve un banco casi intacto, a no ser por una tabla quebrada por un disparo. Un poco más allá, en el medio del parque, una montaña de arena con una cruz. Dice: “María Sharapova. 4/021939 - 6/03/2022. Sadoba 38″. Es su fecha de naciemiento (en 1939), y su fecha de muerte (en plena ocupación, en plena batalla de Irpin, el seis de marzo de este año). A dos metros de su tumba hay una cartera abierta y algunas pertenencias de mujer, hay un lapiz labial, un peine, un perfume, un corpiño celeste, un ticket de compra. No sse sabe si habrá sido de María o de otra mujer, o si ella murió ahí donde la enterraron o en otro lado y la llevaron allí. Es una de las imágenes que advirtió el alcalde que se repiten en Irpin, personas enterradas en las plazas y los jardines de las casas.



“Los tanques rusos aplastaron los cuerpos de los residentes muertos y se burlaron de las mujeres”, dijo también el alcalde, pero esos cuerpos aplastados fueron retirados un día antes.

Por la calle aparece caminando un hombre. Tiene ojeras pintadas de negro, una campera inflada, una bolsa de dormir en las manos. Pide un cigarrillo, le dan y lo enciende. Está volviendo a su casa en Irpín porque no tiene dinero para estar en otro lado. Pasó los últimos 16 días en Kiev, durmiendo con su bolsa en el metro, pero ya no aguanta. Dice que su casa está destruida, y va caminando hacia ella. No se puede acompañarlo, está unas cuadras más allá del límite impuesto por la policía. Verlo caminar, es duro y es triste pero es verdad, parece el zombie que faltaba a la distopía.

Vlad insiste con dejar la ciudad porque está oscureciendo y no es seguro. Ya la camioneta y se atraviesa todo otra vez de regreso. Los mismos vidrios rotos, las ventanas salidas, los techos agujereados. En cada pasada se le descubren nuevas formas a la destrucción. Saliendo de Irpín se ve un auto alemán chocado con un cartel de papel pegado en el parabrisas. Dice “niños”. No se ve a nadie adentro, el airbag saltó, las ventanas estallaron, pero no hay rastros de sangre. Al lado del auto, restos de munición, no se identifica el tipo de arma. Antes de llegar a Ucrania no sabía nada de armamento; hoy poco más, pero los vi todos. Aprendí apenas a fotografiar las armas, otros aprendieron a usarlas. Irse lejos de uno es parte de esto también.

El último checkpoint antes de dejar Irpin tiene un auto destruido con una bandera ucraniana flameando y una insignia escrita en ella: “Barco ruso, vete a la mierda”. Lo dicen cada vez que pueden.

Ya de regreso, la oficina de prensa del Oblast de Kiev informará que no se puede ir a Irpin por los próximos tres días, ni a Bucha (donde hoy fueron fotografiados los cuerpos de decenas civiles muertos en sus calles), ni a Brovary, otro pueblo recobrado por Ucrania. El comunicado dice: “Toque de queda intensificado en los asentamientos liberados de la región de Kiev desde las 21:00 horas del 2 de abril hasta las 06:00 horas del 5 de abril. Está terminantemente prohibido estar en las calles y en otros lugares públicos, moverse en transporte y a pie. Se deben seguir todas las recomendaciones de las autoridades y no salir a la calle durante el tiempo prohibido. Excepción: una señal de alarma para ir al refugio. Es importante eliminar las consecuencias de la agresión rusa: limpiar y desminar territorios. ¡No intente volver a estos asentamientos ahora!”.


Todo está lleno de fantasmas alrededor de Kiev.









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