Por: Wilson García Mérida | Sol de Pando |
El feminicidio fallido contra Nadia Beller, revela que Cerimedo se hallaba en la primera fase organizativa de una nueva banda criminal en el narco-espectro boliviano, que involucra a jefes policiales, uno de ellos nada menos director de Inteligencia en la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn), quien hizo un monitoreo en tiempo real del ataque armado a la amante, en permanente comunicación directa con el mercenario argentino.
Evidentemente, Cerimedo no tenía una vinculación formal ni contractual con el actual Gobierno de Bolivia, pero tenía un acceso irrestricto a bienes y personal del Estado, en un esquema similar al de los paramilitares durante el régimen de García Meza. Se movía con guardaespaldas y choferes asignados por el comando de la Policía, bajo instrucciones directas de su “asesorado” presidente Paz.
En su declaración informativa ante el Fiscal que investiga el intento de asesinato del 17 de agosto, Cerimedo se identifica como “consultor político” de profesión, señalando como lugar de trabajo la Casa Grande del Pueblo, que es el denominativo del Palacio de Gobierno en Bolivia.
“Un vende humo desde el primer minuto”. “Básicamente un garca, un estafador”. “Un chanta obsceno”. Son algunos adjetivos con que periodistas argentinos han definido al mercenario que manejaba los hilos del poder en Bolivia —no sólo el sistema comunicacional del Gobierno sino también los aparatos de seguridad del Estado—, gracias a su privilegiada relación personal y familiar con el presidente Rodrigo Paz Pereira.
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