Por: Amalia Pando |
Hasta antes de la irrupción del oro, hace dos años, el mineral número uno de exportación en Bolivia fue el zinc que pegó un salto apoteósico gracias a una empresa privada que se llama San Cristóbal ubicada en Nor Lipez, en Potosí, muy cerca del Salar de Uyuni.
Antes de San Cristóbal, en 1985, Bolivia producía 38 mil toneladas métricas finas (TMF) de zinc por un valor de 32 millones de dólares.
San Cristóbal inició operaciones en 2006. 10 años después y una inyección de 1.800 millones de dólares, la producción de zinc llegó a casi medio millón de TMF, 14 veces más, y su valor se multiplicó por 30, llegando a mil millones de dólares.
Y desde entonces, las cifras van en aumento. En 2022, el valor de las exportaciones de zinc fue de 1.671 millones de dólares.
Con esos números, esta mina se convirtió en la principal contribuyente del gobierno, después de YPFB y la primera del sector privado. Gran diferencia con el aporte cero de los cooperativistas y de las empresas chinas dedicadas al oro. A esto se suma el pago de unos 400 millones de dólares/año por regalías. Las del oro no pasan de los 60 millones de dólares.
La empresa japonesa SUMITOMO fue la artífice de poner otra vez a la minería en el podio de la economía boliviana. Pero, hace un año vendió el 100% de sus acciones y se fue del país. Esta mina quedó a cargo de capitales canadienses que conforman la San Cristóbal Mining, SCM.
Su nuevo director, Quinton Henningh, declaró a Delta Financier que además del zinc, cuya vida comercial se prolongará por una década más, se lanzarán hacia la producción de plata que tiene una proyección de 40 años. “Hay excepcionales posibilidades para desarrollar nuevos proyectos”, dijo.
LAS PLANTAS MUERTAS
El entusiasmo de Henningh contrasta con las reiteradas intenciones del gobierno para montar refinadoras de zinc.
La idea es buena. Si hay una producción de 500.000 Tn/año vamos a refinarlas y aumentar su valor.
En 2010 se llegó a un acuerdo con la norteamericana Royal Silver Company, pero unos meses más tarde el sueño de contar con una refinería de zinc se había esfumado.
Pasaron 13 años. A fines de 2023, el presidente Arce anunció el contratación directa de la empresa china ENFI- CRIG y la supervisora CHONGQING CISDU, para construir en Oruro, en los predios de la Fundición de Vinto, una planta refinadora de zinc por 350 millones de dólares, monto financiado con un crédito del banco estatal chino EXIMBANK. Tendría una capacidad para producir 65 mil TMF de zinc metálico y sub productos y debería estar prendiendo motores el próximo año 2025.
Este 6 de febrero, Arce lanzó otra vez el mismo anuncio, tal vez no tiene otra cosa que ofrecer a ese Departamento y entonces confunde, pero no se trata de nada nuevo.
La empresa supervisora es la misma contratada para similar labor en el Mutún donde no supervisó nada, pero cobró que es un contento.
El anuncio de Arce, el del año pasado, indignó a las organizaciones sociales de Potosí porque finalmente el grueso del zinc sale de esa tierra, entonces el gobierno tuvo que comprometerse a construir una segunda planta a ser instalada en Porco por el mismo precio, otros $us 350 millones.
DE BUENAS INTENCIONES
Así es, el camino al infierno esta sembrado de buenas intenciones, en este caso montar dos plantas de zinc que necesitarán gran parte de la producción nacional.
Alfredo Zaconeta, del CEDLA, a quien recurrimos por su opinión autorizada, tiene dos objeciones : Bolivia necesita una planta y no dos. Y, segundo, su ubicación. ¿El mineral saldría de Potosí para llegar a Vinto en Oruro? Mucha vuelta y costos elevados.
Pero lo anterior es lo de menos.
Zaconeta afirma que el gobierno y la empresa china ENFI-CRIG acordaron usar una tecnología que además de obsoleta está prohibida en el mundo entero por tan contaminadora que es.
“Necesitará de hornos y mucho gas, deja enormes cantidades de pasivos ambientales y cuesta más del doble“. Como leyó, más del doble en comparación a las plantas que usan otra tecnología, menos agresiva con el medio ambiente, y que son las que están funcionando en el mundo entero.
En vez de gastar 150 millones de dólares, los chinos se llevaran 350 millones de dólares por cada planta.
La refinería de zinc de Oruro debería entrar en funcionamiento en tres años pero, así cumplan milagrosamente con ese plazo, tendrá el mismo talón de Aquiles que tuvieron otras refinadoras: la insuficiencia de materia prima.
Se anunció que se nutrirá con la producción de Porco y Bolivar que dependen de COMIBOL y también de algunas cooperativas. Si así fuera, no les alcanza.
¿Se obligará a San Cristóbal a entregar su producción? Difícil porque esta empresa tiene contratos que cumplir y para ello construyó su propio ferrocarril para sacar su producción desde Nor-Lipez hasta los puertos chilenos donde embarca el mineral hacia Japón y otros países asiáticos.
Zaconeta recuerda que en Huanuni otra empresa china construyó una planta “Lucianita” que no operó ni un solo día y que en Coro Coro la pequeña planta de cobre trabaja a media máquina; Karachipanpa ni siquiera pudo estrenar su horno; e inclusive la planta más cara, la de fertilizantes de Bulo Bulo, como también la de carbonato de litio del salar de Uyuni, están en permanente “mantenimiento” , pero lo cierto es que, aunque suene a ironía, agonizan por falta de materia prima.
En el próximo episodio les contaremos una de terror: la quimera del litio.






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