Por: César Rojas Ríos |
“El Poder es fuerza, el Poder es violencia, el Poder es coacción, pero ¡ay del Poder que descanse solo en la fuerza! Estará inexorablemente condenado a perecer.” Hoy, cuando el país parece haber conformado una coalición de factores perversos, toca recordar esta frase tan cierta, tan extremadamente cierta cuando el gobierno parece haber encontrado el vuelo y el señuelo de los rudos halcones.
La escribió Guglielmo Ferrero en 1942, poco antes de su fallecimiento. El título del libro: Poder. Los genios invisibles de la ciudad. El libro, de imprescindible lectura para todo político que entiende que solo con Maquiavelo no alcanza para gobernar, aborda la naturaleza del poder político, el miedo a la insurrección y la legitimidad del Estado.
¿Y de qué más necesita el poder para sobrevivir?
“Por eso, el Poder necesita, para sobrevivir, algo más que la fuerza, la violencia o la coacción; el Poder, para alcanzar la estabilidad —la gobernabilidad en el lenguaje actual—, necesita el asentimiento, la obediencia libremente prestada y el consentimiento de los llamados a obedecer, es decir, legitimidad: El Genio Invisible de la Ciudad que despoja al Poder de sus miedos.”
Porque vivir atrapado en el miedo, no es vivir, es malvivir, sentir que los cortinajes de Palacio te miran inquisidores, que sus escalinatas multiplican las zancadillas, que los pasillos te vociferan al oído una corona de espinos y que la noche, en su sueño profundo, abre sus fauces para reclamar a la vez tu fin como tu inmisericorde olvido.
Vale la pena recordarlo. Vale la pena leer a Ferrero, precisamente para evitar que la sociedad no se desborde hacia el malgenio, que no consiste en fruncir el ceño, sino en cerrar con fiereza los avinagrados puños. Legitimidad, toca no olvidarlo, pero, sobre todo, vale la pena enrumbar hacia ese genio invisible que le permite al poder conseguir dormir en paz gozando de la conciencia del deber cumplido y de haber cumplido con el deber supremo de haber instaurado el buen gobierno. [P]





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