Por: César Rojas Ríos |
Va-lores, principios de integridad que dan señorío en la conducta que quien los porta y práctica; sin embargo, hablar de ellos en el país es como internarse en un mar turbulento y nadar contra corriente. Da la impresión que preferiríamos llevar nuestras vidas prescindiendo de esos vigías que observan y evalúan la conducta desde nuestro propio interior. También parece que nos resignamos a combatir lo malo con lo menos peor, pero ese no es un combate noble, sino una claudicación. Y no hay pueblo que se pueda elevar si se resigna a dejarse fluir por la corriente de la resignación ante el mal menor. De un statu quo inmoral o cuando menos tumultuosamente amoral.
Ricardo Paz Ballivián (RPB) aborda esta cuestión en su columna titulada “¿Qué pasó con los valores?” (laRazón, 12/3/2026). Su título refleja un giro de extrañeza, como preguntando por un huésped que debiera habitar la casa social, pero no está presente ni detrás de las cortinas. Y para responderse recurre a la sociología, desde donde apunta varias tesis: primera, si las estructuras sociales cambian, también lo hacen sus brújulas morales. Me surge una pregunta: ¿existen estructuras que pueden prescindir de los valores? ¿Estamos como país inserto en una estructura social que hizo del olvido de los valores su rutinización social?
Segunda, recurriendo a Aristóteles y Platón nos recuerda que una sociedad justa depende del orden moral de sus ciudadanos, y una reflexión de gran calado: “cuando las pasiones desordenaban el alma, también se desordenaba la polis”. La nuestra, evidentemente, se trata de una polis desordenadamente ordenada, ergo, ¿tenemos pasiones igualmente desordenadas (moralmente) pero ordenadas (utilitariamente)?
Tercera, “la crisis de valores no significa necesariamente una decadencia moral generalizada. Más bien expresa el paso de sociedades relativamente homogéneas a sociedades profundamente plurales”, es decir, ¿esta “transición” justifica la corrupción a título de sociedad heterogénea? ¿O la moral está por encima de ambas y debiera operar de faro incandescente en las dos sociedades?
Y cuarta, la pregunta por los valores debiera ser por “quién los construye hoy y cómo se sostienen”. Entreveo en esta observación mármol para tallar una tesis regia: no pasa nada con los valores, porque quienes en el espacio público están encargados de construirlos, los abandonaron a la soledad mutiladora, y más bien sobre el hombro de sus formidables ambiciones arrastran a ejércitos sociales de seguidores hacia una tierra árida de valores, pero pródiga en intereses y privilegios. [P]






