Por: César Rojas Ríos |
Primera reflexión. El Decreto Supremo 5503 no se entiende sin sus considerandos. Allí se encuentra la explicación del causante de la crisis económica y financiera: los sucesivos gobiernos del MAS, en especial el de Luis Arce, y el modelo económico que implementaron. Lo causado: regalías declinantes de los hidrocarburos, empresas públicas deficitarias, subvención sangrante a la gasolina como al diésel (amén de su desabastecimiento), un Estado supernumerario y corrupción (mucha corrupción y despilfarro). Es decir, nos dejaron un Estado prácticamente quebrado, lleno de urgencias y sin recursos para solventarlas, y una economía orillada en la “estanflación”, o sea, estancada en lo económico, con aumento del paro y de la inflación —sobre esto, ¿qué dice la COB? Un llamativo silencio elusivo, es como si se entraran a nuestra casa a robar y ni se menciona al ladrón, solo se habla sobre las gestiones de la policía.
Segunda reflexión. Si se sigue subvencionando a la gasolina y el diésel, entramos en caída libre al abismo, pues el desajuste entre ingresos y egresos sería exponencial (hoy se dejó de hacer, el transporte se normaliza con precios “racionalizados”, mercados abastecidos, un dólar estable y por debajo de los Bs 10). Si el Estado no tiene recursos, ¿dónde buscarlos? En la vereda de enfrente: en los privados. ¿Cómo lograrlo? Dándoles facilidades, haciendo el país atractivo a las inversiones —la COB ha denunciado el fast track porque elude su consentimiento por parte del Congreso y precisamente por su carácter fast en la aprobación. Esto ha generado preocupación ciudadana: ¿por salvar el presente vamos a hipotecar el futuro? ¿Debemos abandonar el debate y el control legislativo?
Tercera reflexión. La lógica del DS. 5503 parece ser esta: atacar las causas de la crisis económica y financiera de raíz. Pero se debe aprender del pasado mediato (neoliberal): el “dejen hacer, dejen pasar” jugó en contra de los intereses del país. Las trasnacionales no se convirtieron en parte de la solución, sino en parte del problema nacional. También se debe aprender del pasado inmediato: el Estado convertido en agente económico, no tracciona ni crecimiento ni prosperidad, agenda un espejismo (cuando goza del auge de las materias primas) que luego deviene en un espejo roto —finalmente, ni la COB ni el Gobierno deben encarar el DS. 5503 en formato conflicto, donde los oponentes son enemigos y donde el objetivo de cada uno de ellos es vencer y salirse con la suya; más bien deben encararlo en formato problema, los contendientes no son enemigos, el enemigo común es el problema que hay que vencer: la crisis económica y financiera. La meta es encontrarle solución, en consecuencia, ajustar el decreto donde haya que ajustarlo si trae razón. ¿Y quién debe ganar? Siempre Bolivia. [P]
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