Coca llora porque también tenía el sueño de participar como entrenadora en una Olimpiada, pero no pierde la fe de que la vida le dará una nueva oportunidad.
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Cuando uno de los deportivas de su equipo se lesionaba, la entrenadora Nemia Coca no dudaba en trasladarse al estadio de Oruro para pedir un favor a los médicos y fisioterapeutas del club San José. “Les decía: tengo mi atleta, se ha lesionado, ha clasificado a los Juegos Bolivarianos, ¿me lo puedes ver?, ¿me lo puedes atender gratis?”, relató. Para las competencias, se encargaba de gestionar los pasajes y los viáticos, en algunas ocasiones hasta cocinaba los alimentos para los atletas.
Coca tiene una habilidad o como ella dice “un buen ojo” para descubrir a un buen fondista. Así ocurrió con Héctor Garibay. Ella lo vio por primera vez en el estadio de Oruro. Él trotaba sin descanso para perseguir su sueño de ser futbolista y ella se daba cuenta que había descubierto a una futura estrella del atletismo. Se acercó, lo felicitó por correr 50 vueltas, le dijo que podía aguantar media maratón, lo invitó a su club, le ofreció entrenamiento gratuito y le explicó que no sería fácil, pero que ella gestionaría recursos para iniciar esta gran carrera. Él aceptó, comenzó a ganar competencias y para seguir cosechando éxitos, él dividió su tiempo entre los entrenamientos y el oficio de taxista.
“A Héctor le gustaba el fútbol, pero se había lesionado. Trotaba como una forma de rehabilitarse. Lo vi correr, lo invité a mi Club Pie de Viento y le dije que tendría entrenamiento gratuito. Le expliqué que primero correríamos en competencias municipales y departamentales, y sí él era muy bueno, iríamos a carreras internacionales. Le dije: ‘sí tú quieres, al empezar te voy a prestar dinero, yo voy a comprar los pasajes. Él me respondió que sí’”, relató Coca.
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Al narrar cómo descubrió a Garibay, destacado por ganar la maratón de México, Coca evocó su propio inicio y recordó aquella vez que corrió para ganar un par de zapatillas y las incontables veces que tocó puertas para conseguir apoyo y viajar a competencias internacionales para representar al país. Hoy, en su faceta como entrenadora, Coca aseguró que nada cambió y explicó que, ante la falta de recursos, muchos atletas bolivianos se ven obligados a dividir su tiempo entre los entrenamientos y el trabajo.
Tal es el caso de los premiados atletas que Coca formó en los últimos años. La entrenadora explicó que realizó gestiones e hizo un programa con ayuda de la gobernación de Oruro para dar alimentación, solventar los gastos de hoteles y pasajes nacionales e internacionales de los deportistas que se preparaban para competencias. “Lograron ganar medallas”, resaltó, pero dijo que pese a cosechar éxitos y recibir esa ayuda, ellos debían desempeñar otros oficios –como pelar papas, conducir taxis y ser meseros– para cubrir sus gastos personales. “Hacen un doble esfuerzo, hacen dos sesiones de entrenamientos y en su descansado se van a trabajar”, explicó.
Por ejemplo, Garibay, oriundo de Oruro, trabajó de taxista para solventar sus gastos, debido a que el respaldo y los patrocinios que recibía no le alcanzaban para vivir el “día a día” ni para pagar las cuentas. El domingo 27 de agosto, luego de conquistar la maratón de la ciudad de México, relató que en Bolivia tenía un vehículo y que era taxista, pero también subrayó que ahora está dedicado 100% al atletismo. Comentó, además, que participó en la maratón mexicana con el fin de ganar “un dinero” que le ayude a prepararse para los Juegos Olímpicos de París 2024.
Según Coca, otra de las atletas que se esfuerza por conseguir sus sueños es la marchista Mayra Karen Quispe. “Ella trabaja en una pensión de camarera, también trabaja de minibusera”, explicó.
El atleta David Ninavia –que ahora cursa una beca que le otorgó la California Baptist University de Estados Unidos– trabajaba de taxista en las noches luego de sus jornadas arduas de entrenamientos.
Mario Flores es otro de los atletas orureños que va cosechando éxitos nacionales e internacionales, pero trabaja de todo para continuar con su entrenamiento físico y solventar sus gastos personales. “Él pela papas, trabaja de cargador, de cocinero, de todo hace él. Es un buen deportista, pero trabaja de todo porque no le alcanza el dinero”, contó Coca.
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En el exterior, los atletas de élite llegan a las competencias internacionales en compañía de equipos de profesionales que van desde fisioterapeutas hasta psicólogos. “Tienen un médico, un entrenador y un utilero para llevar sus cosas, además tienen un delegado para ir a las reuniones y hacer las gestiones. Todas esas funciones las hago yo cuando viajo con mis deportistas a competencias internacionales”, aseguró Coca. Incluso preparaba la comida para ahorrar los recursos.
Coca sigue ayudando a cumplir los sueños de los atletas que forman parte de su club. Cada vez que tiene un contacto con los medios de comunicación, pide a las autoridades ayuda para los deportistas. Sugiere al Estado boliviano invertir en los deportistas de élite y darles al menos un salario básico para que puedan dedicar todo su tiempo a entrenar. “¿Se imagina cuántas medallas de oro tendría Bolivia?”, se preguntó.
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Con cada uno de sus atletas, Coca vive un sueño y cumple una meta. Hoy, entre lágrimas, contó que se enteró a través de los medios de comunicación que ya no será la entrenadora de Garibay para competir en los Juegos Olímpicos de París 2024.
Llora porque también tenía el sueño de participar como entrenadora en una Olimpiada, pero no pierde la fe de que la vida le dará una nueva oportunidad. El desenlace del dueto Garibay-Coca causó una serie de reacciones de la población, en redes muchas personas compararon lo ocurrido con escenas de la película Rocky V en la que el campeón mundial de esta disciplina (Sylvester Stallone) entrena a un boxeador más joven, quien luego de ganar unas peleas lo abandona y le da uno de los golpes más dolorosos: el de la traición.
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