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RIESGO INFLACIONARIO, CRISIS Y REACTIVACIÓN ECONÓMICA EN BOLIVIA

Por: M. Sc. Joshua Bellott Sáenz | 

Una crisis como la de nuestros días, hace que los ciudadanos y las organizaciones sociales se pregunten sobre el futuro económico del país. Si se producirá una mayor inestabilidad o si la reactivación económica tendrá éxito, es una disyuntiva por la que reflexionamos diariamente. 

De lo que estamos seguros es que estamos atravesando una coyuntura en la que el desempleo es elevado, hay una reducción continua de las reservas internacionales netas, aumenta la deuda externa e interna, experimentamos un déficit fiscal crónico, y además, con un tipo de cambio fijo y un contexto internacional de vecinos que siguen devaluando sus monedas, abaratando las importaciones de esos países hacia el nuestro, afectando la competitividad del país. 

Hace unos días el BID aprobó un préstamo por 500 MM de USD para que Bolivia financie el Bono Dignidad y el Bono Contra el Hambre. Con este préstamo la deuda externa podría estar superando los 12,500 millones de dólares, con una elevada probabilidad de un aumento acelerado en el corto plazo. 

A inicios del mes de octubre, Moody´s Investors Service cambió la perspectiva de calificación del país, de estable a negativo, advirtiendo, además, que en los próximos 2 años Bolivia tendrá que cumplir compromisos de pago de deuda por un monto adicional de mil millones de dólares. El próximo año debemos pagar por lo menos 1,400 millones de dólares por este concepto.

Por otro lado, se sabe que hasta este mes de octubre ya se generó una deuda interna de más de 8 mil millones de bolivianos. Asimismo, se aprobó mediante Ley un crédito extraordinario del Banco Central de Bolivia para el Ministerio de Economía y Finanzas, a través del TGN por un monto de Bs. 15,107 millones, con el objetivo de financiar el pago por obligaciones generadas por lo créditos de liquidez de corto plazo, contraídos en la gestión 2020. El ministerio señala que la anterior administración de gobierno contrajo deuda interna por más de Bs. 25,500 millones. 

Hace unos días el Fondo Monetario, advertía que los aumentos de la tasa de interés continuarían en América Latina a medida que la región reacciona a las presiones inflacionarias, incluso aunque las economías estén operando por debajo de su potencial. En muchos casos o países se ha endurecido la política monetaria. Al parecer, Bolivia no entra en este grupo de países. 

Es claro que, entramos en un contexto de escasez de recursos, ya que los bonos soberanos por 3 mil millones de dólares programados para cubrir las necesidades del presupuesto de este año, parece que no podrán acomodarse. Como consecuencia de esta dura realidad, sabemos que, a septiembre de este año, recién se ha ejecutado un 35% del presupuesto programado. 

A esto debemos adicionar, que las empresas estatales deficitarias están consumiendo recursos que son ahora escasos, que las regiones tienen deudas y serios problemas para cumplir con sus presupuestos, y que el clima de conflictividad y división ocasionado por un gobierno sólo hambriento de poder, no ayudarán de ninguna manera a la reactivación económica que es lo que realmente interesa a los bolivianos. 

En este contexto, debemos preguntarnos si nuestros miedos podrán hacerse realidad. ¿habrá una devaluación muy pronto?, ¿la inflación es una posibilidad?

Para responder a estas interrogantes, acudiremos muy brevemente a escuelas económicas y sus diferentes pero complementarias posiciones al respecto. 

Para los monetaristas, la inflación es siempre un fenómeno monetario. Si la cantidad de dinero aumenta más rápidamente que la producción real de bienes y servicios, en el corto plazo provoca fluctuaciones en los precios, la producción y el empleo, pero no se conoce su magnitud; sin embargo, en el largo plazo, estas variables reales tienden a sus valores naturales, quedando únicamente la inflación. 

Por otro lado, afirman que la demanda de dinero es más o menos estable, y por este hecho, la inestabilidad puede ser atribuida a las fluctuaciones de la oferta de dinero, siendo importante el papel de las expectativas de inflación que permiten separar los efectos nominales (ilusión monetaria) de los efectos reales (poder adquisitivo). 

Por lo tanto, la oferta monetaria debe crecer a una tasa fija en relación al crecimiento del producto, lo cual asegura en el largo plazo la estabilidad de precios. 

Para los poskeynesianos, no existe equilibrio a largo plazo independiente de la trayectoria seguida durante la transición, por lo que la economía capitalista es básicamente inestable. La inflación es un asunto de incremento de costos, principalmente de los salarios monetarios en relación con la productividad laboral. Por esta razón, las negociaciones salariales podrían producir un proceso inflacionario, pero este podría ser combatido por mayores impuestos. 

La formación de precios está basada en un sistema de costos de insumos directos y costos laborales, donde se tiene en cuenta un nivel de utilidad y una meta de rendimiento, por lo que también, existe una relación inversa entre el crédito bancario y el desempleo. Asimismo, se reconoce que los agentes económicos toman decisiones hoy, en función de sus expectativas inflacionarias, tomando en cuenta además precios relativos, tasa de interés, salario y tipo de cambio. 

Los empresarios no fijan sus precios para lograr un volumen específico de ventas o grado de utilización de su capacidad instalada, sino que fijan sus precios para hacer frente a fluctuaciones en los volúmenes de venta en el largo plazo. En periodos cortos, los cambios en los costos dominarán los precios, mientras que en el largo plazo los cambios en el margen tendrán mayor importancia. La decisión de inversión, se decide sobre la base de un flujo de ingreso esperado, por lo tanto, dicha decisión depende de los precios actuales y futuros que permitan recuperar el capital invertido.

En este orden de ideas, y combinando con la evidencia empírica, sabemos que en una economía donde predomina la micro, pequeña y mediana empresa, sin un crédito para financiar la producción, la fuente más importante son los proveedores. Esto, no permite acumular capital ni aumentar la productividad, por lo tanto, si el empresario desea mantener el margen de utilidad, puede recortar los salarios o los costos salariales, afectando el tipo o a la calidad del empleo. Parece que esto ha venido ocurriendo en Bolivia. 

Por lo tanto, el fenómeno inflacionario no es exclusivamente un fenómeno monetario; es el resultado de desajustes entre la oferta y la demanda agregada, cambios inesperados en variables internas como salarios y costos de producción, ambiente empresarial y objetivos de tasa de ganancia, o de variables externas como los precios de bienes importados y movimientos de tipo de cambio. Puede estar relacionado, además, con deficientes procesos administrativos, obsolescencia tecnológica y estructuras de mercado no competitivas. Por otro lado, si se espera inflación, los agentes realizan ajustes anticipados en contratos de compra y venta y contratos laborales y de crédito.

Por último, en un escenario globalizado, el productor no necesariamente puede trasladar al precio final de mercado la pérdida de productividad o el incremento en los costos de producción, por lo que para mantener el margen de ganancia opta por reducir los costos de la mano de obra, afectando al mercado laboral. Nuevamente llamamos la atención, dado que, en el caso de Bolivia, es muy posible que ésta sea la causa para que desde hace varios años se haya desplazado a un gran porcentaje de la población hacia la informalidad.

Es claro que la teoría nos da muchas luces para comprender este evento de inestabilidad en una economía. Sin embargo, conviene mencionar algunos apuntes y características de las economías que pasaron por este evento.

La disponibilidad de créditos externos permitió a muchos países aumentar enormemente sus gastos sin aplicar impuestos adicionales. El déficit estaba relacionado a empresas estatales y gobiernos locales ineficientes con déficit crónicos. El fuerte endeudamiento permitió evitar la inflación, pero cuando este se acabó, los países se vieron arrastrados a la inflación. Otra característica común fue que los países dejaban que sus monedas estuvieran altamente sobrevaluadas, creando de este modo fuertes desincentivos a las exportaciones. bajo un tipo de cambio fijo, los intentos del gobierno de financiar un déficit por medio de préstamos del banco central llevan a un exceso de moneda nacional en manos de las familias. Las familias toman este dinero y lo convierten en divisas al tipo de cambio oficial. Las reservas de divisas del banco central disminuyen, en tanto que crece la tenencia de divisas del público (fuga de divisas si se mantienen en el exterior). Además, si existen expectativas de devaluación, se acelera este proceso.

La base de la evidencia histórica nos dice que los déficits grandes y crónicos se transforman en importantes explosiones de precios. El gobierno puede acudir a deuda externa, pero cuando esta fuente de ingresos se acaba, acuden al financiamiento monetario, si está tratando de demorar el inicio de la inflación, mantendrá un tipo de cambio fijo incluso después de haber comenzado el financiamiento monetario. El resultado será una mayor caída de las reservas de divisas, el cual se mantiene hasta que ocurre un ataque especulativo sobre la moneda que pone fin al régimen de tipo de cambio fijo. En el caso boliviano (década del 80), el factor clave para comenzar a imprimir moneda fue un desplazamiento en la financiación del déficit, principalmente de créditos externos a medios monetarios (emisión de moneda).

Con estas ideas en mente, comparar la coyuntura actual con la teoría y la evidencia histórica es importante. 

En los últimos 7 años, la deuda creció en más de 7 veces respecto al 2005. La deuda externa sumada a la interna superó ampliamente el 50% del PIB. Mencionamos además que la deuda interna, ahora es la que crece aceleradamente, con lo que es posible afirmar que la fuente externa de financiamiento, sumada a la baja de calificación y la competencia por recursos en el mundo, estén agotando esta fuente. 

A esta realidad, debemos adicionar que los costos por transporte internacional que subieron en 5 veces, y los costos por fletes que subieron en un 40%, contribuyan a una inflación por costos y al mayor descenso de las reservas de divisas en el país. Recordemos que, en muchos casos, el 70% de los insumos que utilizan nuestras empresas son importados. Este hecho trae consigo además una inflación importada. 

En ese sentido, la verdadera reactivación, que consiste en la generación de valor y empleo en la economía para evitar el rezago de la oferta de bienes respecto de la demanda, parece lejana. Los intentos del gobierno, parecen limitados.

El Programa de créditos para la sustitución de importaciones SIBOLIVIA, hasta el 26 de septiembre de este año desembolsó 360.8 millones y llegó a 2,989 unidades productivas. En 10 meses parece imposible acomodar un crédito tan blando, ya que el monto destinado a este programa alcanza a los 900 millones de bolivianos y las empresas inscritas en FUNDAEMPRESA y en la Confederación de MyPES podrían alcanzar en número a unas 600 mil empresas por lo bajo. Con lo cual queda claro que este programa no llegó ni al 5% de las empresas y apenas sobre pasa al 30% del monto destinado.

La conclusión es, que existe en Bolivia un alto grado de inestabilidad, mercados desestructurados que no reaccionan, un ambiente de conflictividad y de inseguridad jurídica y expectativas que evitan la reactivación y las inversiones; y encima de todo esto, un gobierno que se preocupa más por incrementar su poder y el control sobre los ciudadanos, violando los derechos individuales, deteriorando la propiedad privada y al parecer, siendo enemigo del bienestar y del pueblo.

Querido lector, juzgue usted…¿si las cosas no cambian, cree cercano un evento de crisis e  inestabilidad en el país?



| M. Sc. Joshua Bellott Sáenz es economista

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