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EL CISNE NEGRO QUE SALIÓ DE LAS URNAS



DE OCTUBRE DE 2019 A OCTUBRE DEL 2020
¿por qué el MAS ganó las elecciones?


Por Ricardo Paz Ballivián .-

El 18 de octubre de 2020 se produjo en Bolivia un “cisne negro”. El resultado de las elecciones generales fue completamente sorpresivo, nadie lo había previsto. La victoria del MAS por 26,6 puntos porcentuales arriba nuestro, su inmediato rival, Comunidad Ciudadana, fue un verdadero cataclismo político. 

La teoría del “cisne negro” dice que se trata de un evento que tiene tres características principales: es imprevisible, sólo es posible comprenderlo y explicarlo con posterioridad y genera consecuencias estructurales en su contexto.

Si bien las encuestas no tienen como propósito principal predecir los resultados de una elección, se sabe que las últimas mediciones (generalmente realizadas en la semana previa), normalmente tienen cierta similitud con los resultados finales. En ese sentido, es un hecho objetivo que ninguna encuestadora, con objetivos de información pública, investigación partidaria o investigación académica, pudo prever el resultado. Las investigaciones que más se aproximaron erraron con 15 puntos porcentuales, mientras que las que más se equivocaron, lo hicieron por más de 26 puntos.

Una vez producido el evento extraordinario, opinadores de toda laya y unos pocos analistas, se lanzaron a explicar por qué se produjeron los resultados. Entre los primeros, se ubican aquellos que “sabían” que ese resultado se iba a producir (aunque ninguno pudo argumentar por qué no lo dijo antes) y los que se dedicaron a buscar (y encontrar, por supuesto) “culpables” y artífices de lo sucedido. Entre los segundos, predominó la confesión de perplejidad por lo acontecido y el ensayo de hipótesis explicativas de lo que pasó.

Pasadas algunas semanas de los comicios y luego de haber revisado investigaciones anteriores y posteriores al 18 de octubre, después de haber leído muchas evaluaciones, opiniones, análisis y comentarios realizados y conversado con varios profesionales, colegas y amigos, dentro y fuera del país, planteo las siguientes explicaciones preliminares de lo que sucedió, de los factores que incidieron de manera definitiva para los resultados de las elecciones generales del 18 de octubre pasado.


¿POR QUÉ “FALLARON” LAS ENCUESTAS?

La respuesta obvia es que hubo “voto oculto” a favor del MAS. Una parte de la ciudadanía, especialmente en las áreas urbanas, probablemente atemorizada por el ambiente “anti MAS”, prefirió declararse indecisa o manifestarse por otra opción “más correcta”. El ambiente electoral, sobre todo en las ciudades, era de un triunfalismo entusiasta a favor de las opciones diferentes al MAS. Las personas que se animaban a expresar públicamente su adhesión al partido de Evo Morales, en muchas ocasiones
sufrían el ataque y descalificación del entorno. Adicionalmente, la mayoría de los medios de comunicación no ocultó su preferencia por las opciones alternativas al Movimiento Al Socialismo, ayudando a crear así un clima adverso a esta fuerza política, lo que muy probablemente ayudó a su vez al ocultamiento de la intención de voto. Queda claro, una vez más, que la publicación de encuestas, el relato de los medios de comunicación, las opiniones transmitidas por las redes sociales tienen un valor relativo cuando los electores deciden su preferencia electoral.

La segunda razón, de carácter más técnico, es que, a raíz de las dificultades logísticas establecidas por la pandemia, las encuestadoras no pudieron llegar a las áreas rurales dispersas y más distantes, donde, adicionalmente, la cobertura de la telefonía móvil es todavía precaria.

Debido a que la constante del voto por el MAS fue que su caudal crecía mientras más se alejaba de los principales centros urbanos, es razonable pensar que los escollos que impidieron el despliegue normal de los equipos presenciales de sondeo, no hayan podido ser suplidos de manera suficiente por la metodología CATI (llamadas telefónicas asistidas por computador), que utilizaron prácticamente todas las empresas de investigación.

En todo caso, tampoco es completamente inusual que se hubiera dado este fenómeno con las indagaciones electorales en Bolivia. Los ejemplos del pasado reciente, en el mundo y la región, muestran situaciones similares, baste pensar en el Brexit en Gran Bretaña, el plebiscito por la paz en Colombia o las últimas elecciones en México, El Salvador o República Dominicana. Hay, sin duda, una crisis de credibilidad de las encuestas electorales, que en el caso boliviano mostró una distorsión extrema.

EL FACTOR CENTRO POLÍTICO

En Comunidad Ciudadana, a diferencia de la elección del año 2019, abandonamos el centro político y lo dejamos libre para ser recuperado por el MAS. Lo hicimos porque asumimos que por lo menos dos tercios de la población estaba firmemente decidida a votar en contra del MAS.

Mientras que, en 2019, en Comunidad Ciudadana nos lanzamos resueltamente a disputar con el MAS el voto indeciso de centro, en 2020 creímos que nuestro desafío principal era disputar el voto anti MAS con las expresiones representadas principalmente por JUNTOS de la Presidenta Añez y por CREEMOS de Luis Fernando Camacho y por ello endurecimos nuestro discurso anti MAS, casi eliminando de nuestro mensaje el reconocimiento a los aspectos positivos que había dejado el denominado “proceso de cambio“ de los 14 años del MAS. Al tomar esta decisión de estrategia electoral, relegamos a un segundo plano la necesidad de diferenciarnos de JUNTOS y CREEMOS y, de manera indirecta, favorecimos la estrategia del MAS de mostrar al antimasismo como un bloque homogéneo, al que estigmatizó como “golpistas”, “antinacionales” y “antipopulares”.

El resultado de la votación demuestra de manera inapelable que el desplazamiento de nuestra estrategia electoral nos privó de persuadir a importantes sectores de clase media y populares, que prefirieron, ante la polarización, votar por el MAS a pesar de las dudas y cuestionamientos que tuvieran. De modo que el MAS logró activar una especie de “voto útil” para recuperar el centro político, que ya en elecciones anteriores resultó definitivo para su victoria.



EL FACTOR CHI

Las elecciones generales fallidas del 2019, además de varias características especiales, tuvieron como ingrediente esencial el surgimiento de un candidato atípico, un “outsider” que logró irrumpir en el escenario político boliviano con importante presencia, sobre todo en el occidente altiplánico del país.

El doctor Chi Hyun Chung, nacido en Corea, nacionalizado boliviano, médico, pastor evangélico, avecindado en Santa Cruz de la Sierra, logró convencer en 2019 a más de medio millón de electores para que voten por él. La mayor parte de estos ciudadanos, podemos presumirlo luego de revisar varias investigaciones, son cristianos evangélicos, principalmente de las áreas rurales del occidente del país, y en segundo lugar jóvenes de las áreas urbanas, en especial de la ciudad de Santa Cruz, donde su votación también fue significativa.

Hechas las indagaciones, podemos afirmar que la inmensa mayoría de esos votantes, por lo menos 8 de cada 10, habían optado en anteriores elecciones por los candidatos del MAS y que en las elecciones de 2020 se produjo la traslación inversa: estos electores, por razones que todavía deben ser investigadas (es decir por qué ya no vieron en el Dr. Chi una alternativa), decidieron votar nuevamente por el MAS.

Si asumimos que el MAS obtuvo en las elecciones de 2019 el 45% de la votación (incluidos allí los 4 o 5 puntos ganados mediante irregularidades y coacción electoral, que analizaremos al final), Comunidad Ciudadana el 38% y el Dr. Chi el 10% –los resultados oficiales, con la distorsión del fraude, fueron: MAS 47%, CC 37% y Dr. Chi 9%– podemos concluir, a partir del análisis de la big data, que para las elecciones de 2020 aproximadamente 8% del voto del Dr. Chi migró al MAS, lo que explica, con otros incrementos, fruto de otros factores, el resultado final del MAS en 55% (incluidos allí, repito, los 4 o 5 puntos sumados con irregularidades y coacción electoral).


En Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, el voto de Chi parece haberse fragmentado y no necesariamente haber migrado al MAS.

EL FACTOR CAMACHO

Los 21 días de resistencia ciudadana al fraude electoral que llevó a cabo el MAS y Evo Morales en 2019 para evitar la segunda vuelta electoral, produjeron, entre otras cosas, la emergencia de Luis Fernando Camacho como un líder carismático, con apelaciones regionales identitarias muy potente. La decisión de Camacho de participar en las elecciones generales en 2020, en binomio con Marco Antonio Pumari, también un importante líder regional, resultó altamente promisoria para los objetivos de recuperación electoral del MAS.

La votación opositora al MAS, que en 2019 se había logrado concentrar de manera mayoritaria en Comunidad Ciudadana, sufrió entonces una división importantísima, que a la postre resultó definitiva para el resultado electoral. La aparición de Camacho, sobre todo en la región oriental del país, impidió el desencadenamiento fluido hacia el “voto útil” en favor de Comunidad Ciudadana, tal como sucediera en las elecciones de 2019.

Luis Fernando Camacho restó a Comunidad Ciudadana alrededor de 9% de su votación nacional (voto expresado sobre todo en Santa Cruz), lo que explica que Comunidad Ciudadana hubiera terminado con 29% de los votos. En 2019, Comunidad Ciudadana obtuvo en Santa Cruz 47% y en 2020, 17%. Estos 30 puntos perdidos migraron a CREEMOS, que además recibió la mayor parte del voto que Chi había logrado en 2019 (7%) y de Ortiz que había conseguido 9%. Luis Fernando Camacho obtuvo el 45% de los votos en Santa Cruz, lo que sumado a magras votaciones en el resto del país, le significó el 14% de los votos a nivel nacional.

De allí que, así como el “factor Chí” le permitió al MAS recuperar el 9% de su votación a nivel nacional, el “factor Camacho” le restó a Comunidad Ciudadana otro 9%, lo que podría explicar, en gran medida, cómo pudo abrirse tanto la brecha entre la primera y la segunda fuerza política del país.

EL FACTOR AÑEZ

Otro factor que influyó en el ánimo ciudadano y del votante fue la inopinada candidatura de Jeanine Añez, que desordenó y deslegitimó el proceso de transición democrática y le permitió al MAS reagruparse, recomponerse y recuperar el centro político. La decisión de la Presidenta, que confundió su efímera popularidad con posibilidades electorales, resultó nefasta para la oposición democrática, no solo porque introdujo un nuevo elemento de dispersión, sino porque generó en la población, en especial en el electorado de centro democrático, la amarga sensación del retorno a prácticas políticas rechazadas y condenadas por la gente. Adicionalmente, la mala gestión de la pandemia, los escándalos frecuentes de corrupción y el abuso de poder del gobierno transitorio fueron endosados por el MAS a Comunidad Ciudadana en calidad de cómplice.

Por nuestra parte, en Comunidad Ciudadana, aparentemente, no fuimos lo decididamente enérgicos y claros para ponernos al frente de ese gobierno. Una vez más se cumplió la antigua regla de que en política la forma es fondo y lo que cuenta es la apariencia. Nunca tuvimos nada que ver con el gobierno de Jeanine Añez y lo criticamos con firmeza por la corrupción y por la ineficiencia que mostró en todo su mandato, pero obviamente no fue eso lo que percibió el electorado de centro democrático, que al final del día optó por creer en el relato que le ofrecía el MAS.

EL FACTOR CRISIS

Otro factor que influyó de manera clave fue el despliegue y aceleración de la crisis económica. Como sabemos, el país empezó el año 2020 con claras señales de desaceleración y problemas en la economía. Los años de las vacas gordas quedaron en el pasado y quedó claro que se avecinaba la crisis económica. 

El despilfarro, la corrupción e ineficiencia empezaban a pasar la factura.

Pero realmente nadie atisbó la llegada del “dragón negro” de la pandemia del Covid 19, con su secuela de muerte, colapso, desolación y por supuesto aceleración de la crisis económica. El mundo padeció y Bolivia, como no era de esperarse otra cosa, resultó uno de los países más afectados.

Sumada la pandemia por Covid 19, la crisis económica se abatió sobre la población con gran dureza, provocando desempleo, cierre de empresas y emprendimientos, caída de las exportaciones y una sensación de incertidumbre generalizada. En este contexto se llevaron adelante las elecciones generales, con una población asustada y deprimida, en la que probablemente el recuerdo de la estabilidad y buen estado de la economía en el gobierno del MAS, simbolizado adecuadamente por el ex ministro de economía y candidato a la presidencia, Luis Arce, hubieran generado las pequeñas dosis de esperanza y adhesión suficientes para que el segmento decisor principal, no alineado en el clivaje MAS/anti MAS, termine inclinando la balanza por el partido hoy en el gobierno.

EL FACTOR MIEDO

Muy relacionado al anterior, otro factor presente ya en anteriores elecciones fue el efecto del voto inducido por el miedo resultante de la amenaza de desorden y caos que el MAS introdujo en el electorado si no votaban por ellos. Los bloqueos y huelgas, que se intensificaron durante del gobierno de Jeanine Añez, lejos de generar repudio y disminución de la intención de voto por el MAS en las áreas periurbanas y de ciudades intermedias, paradójicamente, parecen haber incrementado sus adhesiones y posibilidades, a raíz de un razonamiento perverso: si no gana el MAS no habrá paz social y cualquier otro gobierno caerá víctima del acoso de las organizaciones sociales.

La incertidumbre y el pánico vividos en octubre y noviembre de 2019, puestos al día por el cruel “bloqueo del oxígeno” en agosto de 2020, generaron en una parte de la población boliviana una especie de actitud de “rendición” ante el “poderío” del MAS.

EL FACTOR IRREGULARIDADES Y COACCIÓN ELECTORAL

El MAS ganó la primera vuelta de las elecciones generales de 2019 con una diferencia de 7-8 puntos porcentuales, insuficientes para evitar la segunda vuelta. Esta posibilidad los llevó a las acciones que conocemos, buscando sumar los puntos que les garantizaran la reelección de Evo Morales y Álvaro García Linera. Este fraude está ampliamente demostrado y documentado en los informes que la Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos realizó al respecto.

En 2020, debido a los factores ya expuestos, el MAS superó ampliamente la diferencia de 10 puntos porcentuales respecto de Comunidad Ciudadana, pero es probable que no haya superado el 50% de los votos de manera regular y limpia. Hay razones fundadas, aunque todavía dispersas, para sostener que el MAS ganó la Presidencia y la Vicepresidencia del Estado en primera vuelta, pero no por la diferencia de 26,6 puntos porcentuales que estableció el cómputo final de las elecciones generales. No porque el

Órgano Electoral Plurinacional se haya coludido nuevamente con el MAS para falsificar la voluntad popular, como repiten algunos sectores de la sociedad, sino porque la elección de octubre de 2020 se dio en un contexto, como el de 2005, 2009 y 2014, repleto de irregularidades y de coacción electoral.

El control férreo que tiene el MAS sobre las organizaciones sociales, sobre todo en las áreas rurales, ciudades intermedias y comunidades periurbanas, le permite ejercitar una coacción electoral tan severa como antidemocrática. En muchas poblaciones de Bolivia, la gente no puede ejercer libremente su derecho al voto, ya que el sindicato, la junta vecinal o la corporación del lugar que corresponda, no se lo permite y más bien obliga al “voto comunitario”. La incidencia de este tipo de voto no ha sido cuantificada con precisión, pero algunas investigaciones independientes calculan que puede significar entre 3 y 4 puntos porcentuales del total nacional.

Adicionalmente, a pesar de los esfuerzos de las autoridades electorales por “sanear” el padrón electoral biométrico, lamentablemente permanecen inscritos muchos ciudadanos que tienen varias cédulas de identidad y que votan con cada una de ellas, como sucedió por ejemplo en la República Argentina. Lamentablemente el tamaño de la distorsión tampoco está calculado con precisión en este caso.

En Comunidad Ciudadana siempre supimos, en 2019 y en 2020, que debíamos enfrentar esa realidad tan adversa. Sabíamos que para ganar teníamos que superar no solamente a los votantes del MAS, sino estas irregularidades y la coacción electoral.

LA DIGNIDAD DEL PERDEDOR

Como hemos tratado de explicar, los sorpresivos resultados electorales de 2020 en nuestro país, no se deben a un solo factor, sino a la suma de varios elementos, aunque algunos más influyentes que otros. Como Coordinador Nacional de la campaña de Comunidad Ciudadana me hago cargo de errores estratégicos, de apreciación y de ejecución que cometimos. Las condiciones fueron muy adversas para nosotros y resultaron muy proclives para el MAS, pero ese fue siempre el contexto, y en él decidimos contender.

La derrota, como dice Mario Benedetti, no prueba que luchar por la igualdad, la justicia, la tolerancia y la democracia sea un error o un imposible. Sólo prueba que se han cometido errores que llevaron a esa derrota. Derrota que ha tenido, también, su parte buena y positiva, por todo lo aprendido. Después de todo, como ya dijo Borges: "hay una dignidad que el vencedor jamás puede alcanzar".

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EL CISNE NEGRO QUE SALIÓ DE LAS URNAS
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